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martes, diciembre 15, 2009

Hautacam (o de como el hombre se hace leyenda)


Este no es un texto mío, sino de Fingón, un hombre que, sin duda alguna, conoce la belleza del clicismo y de sus calurosas tardes de julio. Gracias.

"Quisiera plasmar un recuerdo, que a primera vista igual parece deportivo, y de hecho es deportivo, pero va más allá. Tiene que ver con mucho con la transformación de un evento deportivo, en un evento social, de como algo material como es el desarrollo de una profesión traspasa las fronteras materiales y se instala como estrato creando una imagen indeleble y que permanece inalterada con el tiempo.
Estos hechos no se producen normalmente y muy a menudo pero uno esta seguro porque su interior se lo dice, “estoy siendo testigo de algo histórico”. De hecho pueden pasar años sin que suceda algo así y no se depende del éxito que se obtenga, sino de, como he dicho antes traspasar la frontera e instalarse en la historia en el corazón de la gente.
Quisiera empezar esta aventura con el ciclismo, deporte que por su dureza, por la participación de la gente a lo largo de las etapas y sobre todo, por la identificación con el individuo que sufre.
Me encontraba en una gran superficie en el año 1993, en pleno Tour de Francia, etapa Cahors-Lourdes de 263 kilómetros, y primera etapa de montaña. A regañadientes había que ir a hacer la compra semanal, fin de semana y todo eso. La gente, sobre todo la clientela masculina, iba de mal café y todos pensando lo mismo, “toma de contacto con la montaña y yo empujando un carrito que comienza a llenarse de almejas Dani, leche Sali y galletas Maria, para colmo tenemos numero para el pescado y la carne…”
Sin duda era algo que se palpaba, algo especial iba a suceder y la gente no se lo queria perder, incluso se hacía el silencio, oyéndose sólo el perpetuo bip de las cajeras y el ruido de las bolsas de plástico quejumbrosas porque quizás las habían llenado con un peso de más.
Así como quien no quiere la cosa iba transcurriendo la tarde, cuando pasando por el pasillo de detergentes se ve una estampida de carritos hacia la zona de las televisiones, un tropel de carritos con niños que se bamboleaban dentro sin compasión por parte del padre-piloto. ¿Qué coño estaba sucediendo? Sencillamente el gigante navarro estaba atacando, justo donde atacan los genios o la gente que tiene mucha mala leche, donde duele, donde duele y mucho.
Todo el silencio que había se convirtió en griterío e improvisado mentidero de ciclismo. Debo decir que yo también corrí aprovechándome de mis pocos años para coger un buen sitio delante de una televisión Thompson (en ese tiempo no había teles de plasma).
Como ha dicho antes Indurain atacaba, con un Rominger que se quedaba debido a la dureza y a la colitis que según Juan Fernández le había tenido sentado en el trono más de lo deseable. El gran Miguel puso la moto, Luc Leblac le hecho el garfio vista la imposibilidad de adelantar al proyectil amarillo que subia y subía y subía, mientras Arsenio González (este tío ahora será octogenario) sufría y sufría y sufría tirando del suizo que veía como se le escapaba la carrera. Un Pantano con estrella ascendente puso ojos como platos cuando vio lo que se le veía encima “Ojala estuviese en Cesenatico” debió de pensar el elefantino, mientras Indurain le decía con la mirada que o te apartas o te atropello.
La historia dice que Indurain quedó segundo porque Leblanc le pasó al final o le dejo ganar Indurain. Que Pantani llegó a unos segundos a golpe de riñón y lo que era más trascendental, en esa etapa Rominger perdió el Tour, no físicamente, pero si psicológicamente.
Mi historia dice que en esa gran superficie, llámale Hipercor, Pryca Continente, mientras un grupo de señores subían una montaña en bicicleta, un grupo de personas chillaban como locos, a mi lado se produjeron situaciones de rabia, puños apretados, caras fijas. Las mujeres recriminaban a sus maridos su falta de atención, los “vete a la mierda”, o “déjame en paz” se sucedían en respuesta a los “Manolo tenemos que ir a la pescadería” o “Tienes que venir a ayudarme a escoger un cubo para la fregona”- “Elige el que te de la gana, me importa una mierda” le espeto uno sin ni siquiera prestar atención a la respectiva.
Todo acabo para todos cuando el gran Miguel congio se enfundó el oro, cogió su oso de Credit Lyonnais y alzó los brazos, mientras nosotros los alzábamos también y aplaudiamos, y poco a poco nos girábamos volviendo a nuestras ocupaciones con una sonrisa en la boca.
Seguramente, alguno de estos maridos durmió en el sofá, o tuvo a la parienta de morros durante una semana, pero una cosa es seguro, por lo menos para mí. Miguel Indurain no fue el único que tocó el cielo ese día. "

PD: disculpen el retraso en las actualizaciones.

1 comentario:

Gorka Garbayo dijo...

Hola de Lasaliano a lasaliano me he enterado de tu blog y me encanta, escribes muy bien y veo que tienes hasta colaboradores de calidad, recuerdo tu afición al ciclismo.
Enhorabuena por el blog y saludos desde Miami.

Gorka